
Este caos andante ya anda barruntando lo que se llevará y no se llevará a tierra prometida. Lo anda barruntando más bien como fruto de ese aburrimiento propio del periodo estival (que, por otra parte, le encanta) y no por exceso de previsión (que no es lo suyo). Así, de momento, además de ropa (¿quién impuso la moda de vestirse?), ha decidido hacer malabares (recuerdo que sólo puede llevar 20 kilos) para portar en su maleta:
- Un amuleto Fenh Shui (¡toma ya!) regalo de la mami, en forma de estrella que ha de colocar al oeste o noroeste de su habitación para “activar la energía necesaria para llenar de prosperidad y salud tu vivienda”.
- Una pulsera de francos suizos heredada de los tiempos de juventud de la mami. Éste ha sido un apropiamiento, más que una cesión; pero la dueña lo ha aceptado con estoicismo.
-Un cuaderno con estampado de hojas otoñales, de papel reciclado (¡cómo le llamaban la atención los cuadernos de papel reciclado de pequeña! No sé por qué…); regalo de la primera amiga de la que se ha tenido que despedir; para que apunte sus impresiones y divagaciones sobre tierra prometida.
- Varias postales. Una de Van Gogh y algunas de los prerrafaelitas que compró en Euston.
- La copia de la solicitud de la beca. Um… ya sabe, ya sabe… ¿Para qué? Es sólo por una cuestión de buenos recuerdos. Además, qué menos que llevársela, ella que ha hecho posible el viaje…
- Un panfleto que le dieron hace unos días, sobre una propuesta de poner a la siguiente plaza que se construyera “Plaza del Orgullo gay”. Es que le hizo mucha, mucha gracia…
- Varios recortes de revistas, que tiene pegados en el armario, de fotos en blanco y negro, medio sugerentes o, del todo… (es para motivarse cuando se levanta medio dormida jajjaa. No, es broma). Una de ellas, de la musa Bellucci, por supuesto.
-Un mp3 con una mezcla aberrante de música. Sabina, Aute, Serrat, canciones de rap que le gustan, Chopin, Mozart, Tchaikovsky, Beethoven y Yann Tiersen, el Bicho, Navajita Plateá, Paco de Lucía, Estopa, Linkin Park, Prince, los Beatles, Maná, Coldplay (casi se le olvida. ¡Sacrilegio al cuadrado!), algunas de Louis Armstrong, etc. En fin, lo dicho, una mezcla aberrante. Los puristas dirían que cómo le puede gustar música tan diferente. Pero, es así…
-La radio de toda la vida, la más sufrida de los aparatos de “alta” tecnología de su posesión. Ésa que ha resistido miles de caídas y que gasta las pilas que no valen para el despertador u otros aparatos. Ésa a la que no ha conseguido desbancar la radio del mp3 (más bien porque cuatro pilas le duran menos de una semana).
- Un pendrive que regalaron a su padre el otro día( en su casa, todavía, tiraban de cds e, incluso, de disquets) y que le viene de perlas para el viaje, dado que no tiene portátil ni nada que pueda transformar en algo parecido.
-Varios libros. Éste sí que es el gran dilema de la dueña de la futura maleta. A pesar de ello, cree que terminará portando:
-La Odisea. La verdad, que no era ni opción hasta hace un par de semanas. Pero, releyendo el episodio de Circe (uno de sus preferidos), decidió que era urgente llevar consigo las peripecias de su marido.
- Hojas de hierba. Imprescindible también dado el poder balsámico (e inexplicable) de los versos de Whitman en momentos de decaimiento.
-Cien poemas de amor y una canción desesperada. Libro que, por supuesto, piensa releer cuando vaya, algún día, a Isla Negra, junto con Los versos del capitán.
- Una biografía de Cleopatra, novelada. Ídola de la dueña de la futura maleta y una gran desconocida envuelta en miles de tópicos.
-El existencialismo es un humanismo (del que aún tiene que hacerse dueña también). Descubrimiento increíble a mediados de febrero que convierte a Sastre en segundo ídolo de este caos andante. Hecho que le hizo estar una temporada obsesionada leyendo entrevistas, cotilleos de su vida, etc. Más si encima se tiene como compañera a alguien como Beauvoir. Umm… Todavía recuerda que hubo un día que, antes de un examen, estuvo dándole la plasta a Dostoivesky sobre su hallazgo. ¡Pobrecito!
-Libro de cocina sana. A ver si se aplica el cuento...
-Un jersey azul cielo, muy calentito, tejido por su abuela que sólo se pone para estar por casa.
-Y muchas fotos…