La tejedora de sueños

2007-11-29

EL PIANISTA


Ayer les explicaba a mis alumnos (uy… me suena raro) el significado de la frase hecha “tener las manos atadas”. Les decía que uno tenía las manos atadas cuando quería hacer algo, fuese lo que fuese, pero (hay un “pero”, por desgracia) una fuerza superior o alguien frustraba esas expectativas. No sabía que hoy esta expresión se me viniera tantas veces a la cabeza. He soñado con alguien, lo que era, por otra parte, lógico, dado la impresión que me causó hablar con él. En realidad, parece como si la impresión fuera fruto de una sola conversación, lo que no es cierto. Sólo es que, quizás, ayer fue como coronar una cima, sin apenas conocerla. Quizás me ha impresionado más soñar con él, aunque no lo considere extraño. Um… Le doy demasiada importancia, a veces, a las apariciones en sueños de gente que, aparentemente, no tengo presente siempre. Pero, ayer fue diferente, sí. Llevé la frustración que me ahogaba a terrenos oníricos más pantanosos. Frustración porque se me metió dentro el sufrimiento, los gritos ensordecedores de alguien que se me aparece extremadamente sensible; aunque flote entre corazas de palabras y silogismos para protegerse. Me gustaría protegerlo. Y susurrarle una nana en la que repitiera, subliminalmente, el estribillo de que para mí no es un monstruo; simplemente, una persona que ha terminado poniéndose el disfraz que la gente le ha fabricado. Es peligroso que la costumbre acabe engendrando apariencias de verdades. Y digo esto guiada sólo por puras intuiciones y deducciones. Mi yo racional me responde que puedo equivocarme, porque simplemente veo una maraña de misterio, una sombra en la que confluyen miles de sentimientos, ¡a veces, tan contradictorios!... En cambio, algo más profundo pelea por imponer su verdad, aunque no presuponga cosas más que acerca de una sombra. Cuando me parece reconocer una sensibilidad auténtica en una persona, lleve el disfraz que lleve, me cuesta trabajo olvidarla. Pero, todos somos débiles, por más que queramos negarlo, y necesitamos la aprobación de los demás. La gran pelea del ser humano con su entorno… Sin embargo, no hay que olvidar jamás que un desencantado, un frustrado, no es más que una sensibilidad descorazonada que busca refugio en una coraza que no hace más que alimentar odio. Pero, se ve obligado a protegerse, aunque sea todo una mentira. Y esa persona no necesita nada más que alguien que le diga que cree en él, que tiene talento, que es buena persona (a pesar de toda la basura…) y que en la vida no todo es oscuridad y atrocidades. Las cosas buenas siempre andan escondidas, son casi invisibles a los ojos de muchos; pero eso no quiere decir que no existan. Todavía hay algo bueno en el ser humano. No lo destruyamos dando por hecho que no habita en nosotros, pues el que se termina creyendo loco acaba actuando como tal. Ahora, que quien quiera me tache de ingenua. Con las manos atadas, ésta es la única nana que puedo entonar desde tan lejos. Es lo que me hubiera gustado decirle esta tarde… Pero, todavía tengo reservada la frase: “Eres el peor pianista que he conocido en mi vida”. Quizás algún día trascienda el misterio y ese día sólo se oirán risas.

1 Comments:

At 6:47 AM, Blogger suprematista said...

soy el peor pianista del mundo, pero el publico no es de lo mejor, en este vinculo hermosamente decadente que existe entre estos dos factores. se esconde la comodidad del misterio, donde la pregunta se vuelve adiposa, por falta de movimiento.El misterio de el por que existe este mensajero mal ejecutante y un publico que nada sabe de musica... de alguna forma la desidia del pianista y la ignorancia del publico es una forma solapada de talento y conocimiento... una hermosa forma de amor... pequeña sublime, como exhordio imposible de una cantina entre dos borrachos filosofos, degastados por la vida, pero enseñandole a la vida lo que es el desgaste...mmmm gracias monica...este no es un silogismo....gracias por verme como un puñado de sencibilidades y no como la corasa que el publico quisiera que yo fuera.

 

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