La tejedora de sueños

2007-12-05

EL ADULTO YA NO SOPLA DIENTES DE LEÒN

Una reflexión magnífica... Por Sara del Saz Camacho (prigknissa)

El niño arranca un blanquecino diente de león, lo sopla con toda la fuerza que sus pulmones le permiten y acto seguido mira maravillado cómo flota desmembrado en el aire avanzando hacia el sol. El adulto, mientras tanto, observa este juego con envidia: él no lo puede hacer, porque no quiere parecer infantil. Por eso mismo, tampoco lee libros como Harry Potter, Alicia en el País de las Maravillas o Momo. ¡Son libros para niños!
Sin saberlo -o incluso sabiéndolo- el adulto se está privando a sí mismo de experiencias maravillosas y extremadamente placenteras por culpa de su tendencia perniciosa a considerar todo aquello que se puede relacionar con los niños como ajeno y, a menudo, inferior. Esta tendencia es resultado, a su vez, de la inclinación humana a hacer clasificaciones para simplificar la realidad, sin comprender que los límites no deben ser murallas infranqueables sino líneas hechas con tiza que se puedan borrar o saltar con facilidad. El pobre nunca ha tenido oportunidad de leer ensayos tan esclarecedores como La Literatura Infantil de Carandell, ¿Qué es la literatura infantil? Un poco de leña al fuego de Rosell o La Literatura Infantil o el vertedero de Juan José Millas. En consecuencia, avanza siempre por el mundo de la literatura con su auto-impuesta mirada de adulto, sin comprender que para disfrutar de este mundo literario, como del mundo en general, es necesario no olvidar nunca cómo se miraba cuando se era pequeño. Avanza ignorando cuentos y leyendas, el humor y la crítica directos de autores mal denominados de literatura infantil, y lo sencillo y lo breve. ¡Eso es cosa de niños!
Sin embargo, el adulto no sólo se castiga a sí mismo, también castiga al niño con su idea errónea de que es necesario diferenciar muy claramente los libros para adultos de los libros para niños. De este modo, el niño, a menudo, es incitado a leer libros sencillos y breves. Es decir, la literatura infantil está compuesta en gran parte por aquellos libro que se relegan a los niños por ser considerados insuficientes para los adultos. También está compuesta por libros excesivamente melifluos, tanto que no sería de extrañar ver al niño enfermar por empacho tras leer uno de ellos. Definitivamente, como diría Carandell, la literatura infantil es –más frecuentemente de lo que sería conveniente- aberrante. Por ello, se debería permitir al niño acudir a la biblioteca del adulto cuando lo deseara, curioseando y experimentando todo cuanto quisiera, sin que el adulto le pusiese trabas por su edad. La edad como factor determinante a la hora de leer un libro es producto de estrategias puramente comerciales de las editoriales. Éstas pretenden vender más creando colecciones de libros con las que el niño se pueda sentir identificado, ya sea por la edad o por el tipo de contenido. Factores que sí deberían ser tenidos en cuenta a la hora de recomendar o seleccionar un libro para el niño son la experiencia de éste, su capacidad lectora o sus gustos.
Cuando el adulto comprenda –si es que algún día lo hace- que los límites que separan la literatura infantil de la literatura para adultos son muy ambiguos, el niño podrá volar feliz por el mundo literario cual diente de león recién soplado.

3 Comments:

At 4:59 PM, Blogger La Penca said...

Totalmente de acuerdo...Los adultos no saben lo que se pierden no leyendo Alicia en el País de las Maravillas o Momo...
Besos.

 
At 7:44 PM, Blogger Prigkinissa said...

...Y Harry Potter, por supuesto ;)

La Discusión Eterna. jaja

beS.O.S

 
At 3:54 AM, Blogger Mara said...

Yo todavía me acuerdo del libro "Chis y Garabís" que leí cuando era (más) pequeña. Es una de las cosas pendientes q tngo, buscar ese libro y comprármelo. Ni m acuerdo de q iba, sólo sé q m encantó... UN BESITO!!!

P.D. No sabía que la señora Bollo había vuelto a escribir en su blog semiabandonado. En fin, descubrimientos que hace una...

 

Publicar un comentario

<< Home