MALETA IMAGINARIA
Mientras doña Tejedora tejía, muy laboriosamente, el anterior post, la musa ha vuelto a llamar a su puerta. Como la ha recibido con mucho entusiasmo, la griega le ha regalado una maleta imaginaria con todas aquellas cosas que sabe que a su beneficiaria le encantaría llevar; pero que, dado el reducido peso, resulta imposible. Y es que, como bien dijo Jung, “nuestros deseos están en función de nuestras carencias”.
Algunas de esas cosas eran:
-Seis o siete botellas de aceite. Del aceite de los aceites, es decir, del de oliva.
-El doble de botellas de horchata. Lo bueno es que, con el frío, no cree que eche demasiado en falta dicho manjar celestial. Respira aliviada.
-La taza del burro catalán en la que se prepara sus cafetitos, cola-caos que mutan casi en batidos de chocolate y se sirve, por supuesto, la horchata.
-La sartén doble para preparar tortilla de patatas de la mami , porque, lo siente mucho, pero no se fía de su habilidad para dar la vuelta a la tortilla de otra forma. Por ello, le apena saber que tampoco probará dicho manjar en mucho tiempo. A no ser que, algún día, tenga ganas de perder sus preciadas manos con quemaduras de primer grado. O, bien pensado, se haga amiga de algún buen cocinero/a.
-Turrón, peladillas, uvas de la suerte, etc para la época navideña. Pero, ella, que es mujer de recursos, buscará la manera de sobornar (a quien sea jajjaa) para que le envíen un paquete con dichos elementos.
- La enorme hucha de Pocahontas, con cartelito personalizado (“Insert coin… Rajáaaaa”) que, por la buena fama de quien se la regaló, prefiere no explicar el por qué de dicho cartelito. Por tanto, tendrá que verse obligada a comprar el cerdito de toda la vida, en versión propia de la tierra prometida, para llenarle la barriga de ahorros para viajes.
- La media docena de diarios que tiene debajo de la cama, para que la mami no se dedique a cotillearlos de cabo a rabo. En realidad, doña Tejedora sabe que cotilleados están, pero, aún así, encomendará su cuidado y escondite a su preciada hermana.
- Las dos cajas enormes de cartón con todo lo que se puede imaginar: entradas de cine, de museos, billetes de avión, recortes de revistas, posters, cuadernos con historias sin terminar, planos de ciudades y del metro…
- La caja de hojalata con las cartas de su infancia-adolescencia.
- El ordenador de sus amores. Enterito en cuerpo y alma lo acogía en sus nuevos aposentos.
- Todos aquellos libros que, por desgracia, la mayoría coincide que son tochazos de 600 páginas para arriba y cuyo peso y volumen se niega a recibir en sus entrañas Futura maleta. Eso sí, por suerte, Maleta imaginaria es un pozo sin fondo. Entre ellos están el Quijote, la Regenta, el manual imprescindible para filólogas/os de Torrego, el manual de Mitología, las tragedias completas de Shakespeare, los libros de latín y de griego para momentos de aburrimiento en que escribe cosas (palabras, tras tres años su nivel es nefasto)en dichas lenguas; los tres tomos de la novela de su adolescencia: Los gozos y las sombras, el libro sobre Picasso con miles de ilustraciones que le gusta releer de vez en cuando, etc.
-Los gatos de Noelia. Después del idilio que tuvo tras la comida, en el cual doña Tejedora se tiró al suelo de la cocina, mientras tres de ellos revoloteaban en su regazo y otro se metía por debajo de su vestido blanco; ha decidido colarse un día por la chimenea y robarlos sin piedad.
Algunas de esas cosas eran:
-Seis o siete botellas de aceite. Del aceite de los aceites, es decir, del de oliva.
-El doble de botellas de horchata. Lo bueno es que, con el frío, no cree que eche demasiado en falta dicho manjar celestial. Respira aliviada.
-La taza del burro catalán en la que se prepara sus cafetitos, cola-caos que mutan casi en batidos de chocolate y se sirve, por supuesto, la horchata.
-La sartén doble para preparar tortilla de patatas de la mami , porque, lo siente mucho, pero no se fía de su habilidad para dar la vuelta a la tortilla de otra forma. Por ello, le apena saber que tampoco probará dicho manjar en mucho tiempo. A no ser que, algún día, tenga ganas de perder sus preciadas manos con quemaduras de primer grado. O, bien pensado, se haga amiga de algún buen cocinero/a.
-Turrón, peladillas, uvas de la suerte, etc para la época navideña. Pero, ella, que es mujer de recursos, buscará la manera de sobornar (a quien sea jajjaa) para que le envíen un paquete con dichos elementos.
- La enorme hucha de Pocahontas, con cartelito personalizado (“Insert coin… Rajáaaaa”) que, por la buena fama de quien se la regaló, prefiere no explicar el por qué de dicho cartelito. Por tanto, tendrá que verse obligada a comprar el cerdito de toda la vida, en versión propia de la tierra prometida, para llenarle la barriga de ahorros para viajes.
- La media docena de diarios que tiene debajo de la cama, para que la mami no se dedique a cotillearlos de cabo a rabo. En realidad, doña Tejedora sabe que cotilleados están, pero, aún así, encomendará su cuidado y escondite a su preciada hermana.
- Las dos cajas enormes de cartón con todo lo que se puede imaginar: entradas de cine, de museos, billetes de avión, recortes de revistas, posters, cuadernos con historias sin terminar, planos de ciudades y del metro…
- La caja de hojalata con las cartas de su infancia-adolescencia.
- El ordenador de sus amores. Enterito en cuerpo y alma lo acogía en sus nuevos aposentos.
- Todos aquellos libros que, por desgracia, la mayoría coincide que son tochazos de 600 páginas para arriba y cuyo peso y volumen se niega a recibir en sus entrañas Futura maleta. Eso sí, por suerte, Maleta imaginaria es un pozo sin fondo. Entre ellos están el Quijote, la Regenta, el manual imprescindible para filólogas/os de Torrego, el manual de Mitología, las tragedias completas de Shakespeare, los libros de latín y de griego para momentos de aburrimiento en que escribe cosas (palabras, tras tres años su nivel es nefasto)en dichas lenguas; los tres tomos de la novela de su adolescencia: Los gozos y las sombras, el libro sobre Picasso con miles de ilustraciones que le gusta releer de vez en cuando, etc.
-Los gatos de Noelia. Después del idilio que tuvo tras la comida, en el cual doña Tejedora se tiró al suelo de la cocina, mientras tres de ellos revoloteaban en su regazo y otro se metía por debajo de su vestido blanco; ha decidido colarse un día por la chimenea y robarlos sin piedad.

5 Comments:
Jejeje...¡Menos mal que no te vas a llevar todas esas cosas de verdad! Porque te pesaría más de veinte kilos seguro...¡Y cobran a 7 Euros el kilo extra de equipaje!
Yo la verdad cuando me fui de Erasmus también me quiso llevar todas esas cosas, los amuletos, los recuerditos, etc (y de hehco, algunos me los llevé, los más ligeros). ¡Y El Quijote me lo llevé, claro! Yo sin don Miguel de Cervantes no voy a ninguna parte. Y a Vicente Huidobro también ;)
La hucha es imprescindible, of course...No te la llegas a llevar y te dejo de hablar, jeje ;)
Y las uvas y las peladillas...Mmmm...
Besos obesos.
Los diarios secretos déjamelos a mí porfi!! M reiría una pechá! Está mal decirlo xo yo si fuera madre, también cotillearía los diarios d mis hij@s, más q nada xa descubrir qué hacen a mis espaldas los muy...
Y esto de acuerdo con Mari, el Quijote es un libro q uno no puede dejar d llevarse ni d releer. Un beso!
No hace falta llevarse El Quijote. Se las arregla para estar en todas las bibliotecas. Es un libro omnipresente, , y por eso a pesar de su voluminosidad, no pesa. Está aquí y allá.
Mara, tu comentario me ha parecido un pelín inquietante... .
Saludos.
Nacho, te escribí un sms para que te vinieras a comer con nosotras y poder despedirme de ti y ,¡me entero de que ya estás en Buenos Airesssss! Me lo dijo tu primo. ¡Qué rabiaaaa no haberte visto para despedirme! Es verdad que hablamos un día de que te volvías con Sandra al poco de yo llegar, pero no me acordaba bien, sinceramente. Uffff... ¡Qué rabia! Ya te escribiré. Espero que os lo estéis pasando muy bien por allí. ¡Un beso!
Nacho, ¿xq t parece inquietante mi comentario ehh?? JAJAJA!! No seas mentirosillo q tú tb los leerías, no reniegues del lado cotilla q tenemos todos! JAJJA!
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